El lugar de donde nos visita, ¿existe?

31 de octubre de 2009

Ensayo sobre la soledad

No sé por qué puse ese título si ni siquiera he leído ensayo sobre la ceguera.

Despertarse con un dolor de cabeza terrible (taladro permanente fisurando el craneo), salir de la cama y enfrentar la habitación hirviendo por el alza de la temperatura. Al menos es oscura y puedo dormir tranquilo. Ahora estar en el pasillo y ver desde la ventana el cielo nublado, vaticinando una triste lluvia. ¿me baño? tengo demasiada pereza para hacerlo. no tengo ni la voluntad suficiente para escribir mayúsculas.

Después es cosa de enfrentar el día e intentar ganarle en sus impasibles intentos de destrozarte el alma, ya sea con la lluvia, con el dolor de cabeza, con la clase mortalmente aburrida. Antes solía identificarme con el lobo, pero con el solitario, porque después de haber sido desterrado por la manada, éste tiene que volverse más fuerte con tal de cazar las presas, pues tiene que hacerlo solo. Ahora quisiera ser un ave, para volar hacia donde quiera, cuando quiera.

Y ya estoy acá, en medio de tanta gente y tan inevitablemente aislado. Pareciera una escena donde todo se mueve rápido excepto yo. Caminar lentamente e intentar sacarle algo bueno a ese cielo nebuloso, es la única cosa que me queda por hacer en este camino involuntario. Salir de la ducha finalmente, una vez habiendo comprendido (secretamente) que me tomé más tiempo bañándome porque en medio del agua sentí compañía y calidez.

¿Tirarme de las escaleras? Sería sólo arrojarme a la soledad infinita, algún abismo cuyo fondo nunca conoceré y en el que caeré por siempre y para siempre. Pero tal vez estoy cayendo ya; sólo falta esperar tocar el fondo y ahogarme. En este exilio involuntario pero voluntario a la vez (porque nadie me dijo que me fuera, nadie amenazó mi existencia, sólo soy yo que huí de una prisión para caer en otra más privada, más creada por mí y para mí propia alma que en realidad tiene miedo de ser libre). ¿entonces? sería bueno tropezarme de una buena vez y esperar que alguien me recoja, pero sé que la calle está vacía y que los árboles no pueden moverse, que lo único que pasaría sería que un perro callejero me daría un mordisco pensando que estoy muerto. Y a lo mejor lo estoy en ese momento.

Sólo el tiempo me sirve de compañía, aunque yo diga que no existe. Tal vez sólo el tiempo me provea el consuelo que necesito y cure las fisuras del taladro permanente.

1 comentario:

gabriela erre dijo...

yo tb me siento sola
todos

pero shhhh